La libertad del periodista…

Luis Guillermo Hernández

@luisghernan

La libertad no es un discurso, es un método.

Es un ejercicio cotidiano, no una celebración cada 7 de junio.

Es un NO enfático, definitivo, al ofrecimiento monetariamente jugoso pero periodísticamente poco ético.

Es no ser cínico, cínica: recibir 50, 100 o 140 millones en tu negocio personal no te hacen libre, te hacen cómplice. Y sí, definen tu criterio, no finjas.

Porque libertad es la palabra que nace de la mente, no de la cartera.

La libertad, la total libertad, es una decisión de vida.

La libertad no es una impostura para mostrar a los tuiteros.

La libertad es a veces decidir entre una Range-Rover ’19 y un Tsuru 2005, una tarjeta de Metrobús, un avión a meses sin intereses.

Libertad, es decidir entre el guión que otros te ponen en el telepromter y el guión que tú mismo escribes sin ayuda.

La libertad es creer en una idea, plantear esa idea ante los demás y defenderla pese a los ataques.

Libertad es asumir tus límites y mostrarlos sin ambages.

Libertad es crear, buscando siempre la explicación eficiente, la imagen necesaria, el sonido definitivo.

Libertad es interpretar, extrayendo de tu cabeza las mejores ideas, las mejores letras, las mejores imágenes, los mejores sonidos.

Libertad es hacer justo lo que deseas hacer, como lo quieres hacer, cuando lo quieres hacer. Aunque nadie más comprenda, coincida, apruebe.

Libertad es asumir tus yerros: “sí, la regué, pero fue por tont@, no por mentiros@”.

Libertad es asumir tus aciertos. Sobre todo eso: honrar tus aciertos.

La libertad es escuchar a ese espejo que te confirma, cada noche, que sigues siendo tú. Que no has claudicado. Que no tienes un interés inconfesable que te escupa a la cara.

Libertad de expresión es usar siempre la palabra precisa, no la palabra cómoda, la más conveniente.

Libertad es, a veces, quedarte sin amigos, sin aliados, sin manada.

Pero libertad también es encontrarte a ti mismo, jamás traicionarte, no darte la espalda.

Libertad es, entonces, ser tu mejor aliado, tu mejor amigo, tu mejor manada. Y eso ya es suficiente.

Libertad es hacer del periodismo justo la actividad que quieres ejercer como modo de vida y hacerla lo mejor que puedes.

Libertad es hacer ese periodismo que crees que es útil para tu sociedad, el más idóneo, el que confías en que aportará algo, el que crees que quedará ahí como registro preciso de tu tiempo.

Libertad es no tergiversar deliberadamente, porque no te dieron tu convenio.

Es no tergiversar deliberadamente para que te lo den.

Libertad no es ser un sicario, sino un vicario de tu sociedad, a la que asistes en los hechos del día a día, para contárselos, para interpretárselos.

Libertad es abrir las alas, las letras, la lente, los micrófonos, ante los sentidos de todos, de todas, con un solo discurso: yo, esta es mi visión de las cosas. Y es mía, sólo mía.

La libertad del periodista es su bien más sagrado: es la encomienda más arriesgada, es el tesoro más cuantioso. Y también el más delicado: frágil como las flores del diente de león.

Libertad es, en fin, poder decirle a todas, a todos, mirándoles a los ojos: confíen en mí, yo soy un periodista libre.

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